Entramos en la época oscura del año para las tradiciones de origen celta. Samhain, Samhuinn, es el final de verano. Se acabaron las cosechas, las conservas se ultiman, se termina de guardar el grano y los alimentos al resguardo de la humedad que lo puede estropear.

 

En esta época del año honramos a las personas que estuvieron antes, todas esas personas viven en nuestro ADN, somos ellas de alguna manera. Podemos tener el color de pelo de la bisabuela, la mirada del abuelo, los ojos de la madre o las manos del padre o de su madre. Tenemos también rasgos de carácter que nuestras abuelas y abuelos reconocen en nosotras.

 

Nombramos a todos los que se fueron porque de lo que no se habla no existe y nombrando a ancestras y ancestros permanecen eternos en nuestra memoria. Contamos las historias que hemos vivido con todas ellas y ellos y contamos las historias que nos han contado y que han pervivido en la memoria familiar.

Honramos a todas esas personas con la cena del silencio, cocinando todos aquellos platos que más les gustaban, dejando su sitio en la mesa, como otra forma de seguir manteniendo su recuerdo.

 

Ponemos sus retratos en nuestros altares, tanto de la familia de sangre como de la familia del alma. Cada vez que paso delante de ese altar me asaltan recuerdos de tantas cosas vividas e incluso la tristeza de la ausencia, porque esa tristeza es amor del corazón, anhelo, añoranza. Esa tristeza a ratos es sana, natural, eso es que estamos vivas y ellos y ellas también.

El altar de nuestros ancestros y ancestras

 

No hace falta que seas nada de nada, no hace falta ser sacerdotisa ni bruja para poder honrar a tus antepasadas y antepasados. Tan solo hace falta tu intención y tu amor. Puedes armar un altar dedicado a esas personas, con fotografías u objetos asociados a esas personas.

Enciende velitas como luces de bienvenida, luces de gratitud, luces de amor. Pon las ofrendas que quieras en ese altar, no porque te las reclamen, si no como muestra de tu amor.

 

Ha habido años que hemos podido oler el tabaco de pipa del abuelo, la colonia de otro, o el olor jabón de Heno de Pravia de las sábanas de los antiguos armarios. Muchas veces hay una sombra y sabemos quién es, podemos casi sentir el tacto de las caricias.

Nos visitan en sueños, nos hablan, nos consuelan, nos traen mensajes completamente necesarios, anhelados incluso. Nuestras ancestras y ancestros siempre se hacen presentes, año tras año, si prestamos atención a las señales, sabremos quién son en cada momento y podremos disfrutar de ese toque de la magia que atraviesa el velo y viene del OtroMundo.