¿Y si cerramos los ojos por un momento y tratamos de imaginar que el mundo no es así como nos lo contaron? Imagina, por ejemplo, que la historia que nos contaron del Paraíso es verdad solo en parte. Imagina que no nos corrieron de aquel lugar perfecto e idílico, con una belleza tal que te quita el aliento.  Imagina que seguimos ahí y que, en un lugar tan bello, podemos encontrar todo aquello que necesitamos.

Imagina que en ese paraíso todo funciona como un reloj bien ajustado, con un ritmo determinado y todo funcionando a la perfección en su propio tiempo. En un mundo así, no debería de existir el sufrimiento como forma de vida, ni el dolor debería de ser visto como el precio a pagar para poder disfrutar de cualquier cosa. Dentro de tanta belleza y perfección, debería de ser posible vivir a través del placer y del gozo. Placer en todos los sentidos y para todos los sentidos.

Un mundo, en el que es fácil darse cuenta de que parte de esa belleza y placer, tienen su origen en la certeza de que cada ser que lo habita tiene una conexión con todo. Como ese Gran Tejido, en donde si un hilo cambia, todos los demás hilos lo perciben.

Un mundo, en el que los círculos son importantes. Porque no hay necesidad de sobresalir y demostrar que “yo puedo más” o que “soy el mejor”. Siendo conscientes de que cada ser que lo habita tiene su propia misión y es igual de importante que la de cualquier otro. Sin importar su tamaño, apariencia u origen.

Un mundo, en el que somos conscientes de que, al dañar al otro, nos hacemos daño a nosotros y nosotras mismas. De que cualquier daño que hagamos en este bello paraíso, nos lo estamos haciendo a todos los seres humanos también.

Un mundo, en el que el agradecimiento es nuestro eterno acompañante, y que, a través de él, mantenemos esa visión de belleza y plenitud de todas las personas y del mundo en el que vivimos.

Imagina que no tenemos que esperar, ¡sino comenzar a disfrutarlo y a vivirlo desde ya!

¿Puedes imaginarlo?

¡Pues despierta y quítate la venda!

Limpia tus oídos de todas esas falsas historias que desde siempre nos han contado, porque son mentira.

 Y ahora que ya abriste los ojos:

 ¡Bienvenida, bienvenido al Paraíso, de donde nunca has salido!

Erika