Imagínate que habría significado para ti si el día que te vino la regla por primera vez tu madre te hubiera regalado un ramo de flores, te hubiera  llevado a comer fuera y después las dos hubierais ido con tu padre a comprarte un anillo o uno pendientes, y luego hubieras ido con algunas de tus amigas y de las amigas de tu madre a pintarte los labios por primera vez y por primera vez hubieras asistido a una asamblea de mujeres a aprender la sabiduría femenina. ¡Qué diferente podría haber sido tu vida!

Adaptación de un texto de Circle of Stone de Judith Duerk

 

 

Esto hasta hace bien poco era impensable en la sociedad española, llena de tabúes, hace algunas décadas, la maldición de menstruar, era pasada de madres a hijas, llena de frases pavorosas y muchas prohibiciones, como la de lavarse la cabeza, no fuera a ser que nos volviéramos locas, no hacer mahonesa porque se corta, no regar las plantas porque se secan.

Ahora mismo, eso tiene mucha menos repercusión, no digo que no haya mujeres que hagan todavía cosas parecidas pero son las menos.

Y de no se lo cuentes a nadie, que vergüenza ¡madre mía!, hemos pasado a fingir que no tenemos regla, rodeadas como estamos de productos que “ni lo notas, ni lo notan” y por supuesto “anti-olor”. Esto no nos convierte en mujeres empoderadas, nos convierte en hombres con útero, porque seguimos sin aceptar nuestros ciclos, los cambios locos que las hormonas nos producen y las necesidades de silencio y quietud que nos pide el cuerpo, todo ésto se vuelve invisible con pastillas, y hasta con descargas eléctricas.

Debemos normalizar los ciclos, aceptar los desafíos de los cambios y sacar partido de nuestros dones, recuperar la naturaleza cíclica, inherente a la mujer, volver a ser nosotras, simplemente normalizando lo normal.

 

Todos nuestros procesos femeninos (también los masculinos) son sagrados, es maravilloso vivir todo el rato en lo sagrado, para mi no hay otra forma de vivir, pero no hagamos de lo normal algo extraordinario, si queremos que todo forma parte de nuestra vida ordinaria, no hace falta publicar todas y cada una de tus compresas de tela manchadas cada mes, hay que ser visibles y además reclamar nuestros espacios y nuestro ciclo, pero sin histrionismos, porque dando una vuelta de 360 grados, volvemos a estar en el mismo sitio.

 

Visibilizar comienza en el “mundo pequeño”, que es como yo llamo a la vida diaria, comienza en casa y en el entorno más cercano, comienza educando de una manera diferente. Siempre busco la normalización como la vuelta a un pasado que perdimos, a una herencia que no nos ha llegado. Me resulta divertido pensar en nuestras ancestras viviendo la menstruación como algo extraordinario en el sentido de espontáneo e inesperado, para ellas tenía que formar parte de su vida cotidiana, y, aunque tuvieran un sentido de unidad y sacralidad con todo lo que las rodeaba mucho más profundo que el nuestro, no creo hicieran un alarde extraordinario de lo que era “normal”.

Hagamos visible nuestra ciclicidad, día a día, en ese mundo pequeño y cotidiano, pero hagamos que sea normal, natural. Integrémoslo como parte de nuestro ser, de nuestro cuerpo, de nuestra magia femenina, sin publicidad, sin marketing, sin vender lo que es normal como si fuera excepcional.

 

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