Me imagino, que, a vosotras y vosotros, como nosotras, se os caerán los ojos al suelo cuando véis alimentos envasados en plástico cuando ya tienen una cobertura natural, ecológica y completamente compostable: su propia piel.

Pero podemos dar un paso más y ver la fruta pelada y en gajos, bien envuelta en plásticos para que no se seque, la piña cortada en su cajita de plástico con dibujitos. Exprimidores de naranjas para que te lleves el zumo recién exprimido a cada, vamos allá con otra botella de plástico. Verduras para cocinar al microondas en su plástico también.

 

Como nota informativa, la migración de plastificantes se produce a los 50 grados, quiere decir que las moléculas del plástico pasan a la comida a partir de esa temperatura, que se supera con creces en la cocción en su propia bolsa. Estás lleno y llena de microplásticos, se ven muchas veces en los análisis de orina.

Una especie sin alas, ni púas, ni escamas, ni aguijones, ni zarpas. Una especie que tiene la misma defensa desnudo que un ratón, y que ha conseguido llegar hasta donde estamos, si, a la masificación y la destrucción de los recursos también, pero me refería a las construcciones, los avances médicos, el agua corriente en las casas, cosas como esas.

Ese mismo humano que llegado a conseguir todo eso, ahora es incapaz de pelarse una naranja, tirar la piel a la basura y con las manos con las que construyó sus primeras y rústicas viviendas, comérsela.

Ahora cocinamos menos, hay muchos restaurantes y hasta te lo traen a casa, no hay que recoger leña para calentarse, ni ir a lavar al río o acarrear cántaros inmensos con agua potable. No cazamos, ni sembramos, ni recolectamos, a menos que esa sea la traducción actual de ir al hipermercado y yo no me haya dado cuenta. Pero no podemos partir una piña.

Tampoco andamos varios días para llegar a nuestro destino, quizá en unas horas ya estamos allí con el coche, y, además somos la generación que más ha viajado por el mundo. Pero no podemos cocer unas patatas en una cacerola o al menos usar un utensilio para microondas.

Y si me lo llevo a las formaciones que nosotras podemos impartir pasa exactamente lo mismo. Son formaciones largas, duras, para que mentir. Son formaciones donde hay que pelar la patata y ponerla a cocer, esperar, poner a enfriar y pelar, son de las de hay que poner tiempo y ganas. Son formaciones de quitar el moño de la piña, pincharte un poco con una hoja, y pensar por donde se comienza a comer una piña. Son formaciones donde seguro, que, al pelar la naranja, algo de su zumo entrará en alguna pequeña herida y te escocerá hasta lo más hondo, y si es uno de esos días raros, el zumo te saltará a un ojo fijo. No toda la naranja estará dulce, igual te atragantas y habrá gajos llenos de pipos y secos como la arena del desierto.

Pero será comida real, una comida que no ha pasado por una cámara frigorífica, por eso seguro que no es de bodegón, alguna tara tendrá, como nuestras formaciones, que son reales, dulces y amargas, jugosas y secas. Son formaciones donde tienes que poner tu tiempo, tu intención y todas tus ganas para dejarte nutrir por ellas.

No todo lo que vivirás será maravilloso, que pipos habrá seguro, que las heridas te escocerán y te pincharás en sitios que no sabías ni que tenías en el alma. Pero será comida real, raw, en crudo. Tu decidirás como comerla o cocinarla, cuanto comes, cuanto dejas, a que velocidad masticas y como harás la digestión, sabiendo que si te pones morada te sentará mal, y si masticas despacio y disfrutando de cada bocado, todo será alimento.

Cuando alguna interesada nos comenta que si no puede hacerse todo en un intensivo de tres días, yo me quedo ojiplática, como resumir cuatro años en un fin de semana.

Vivimos en el mundo de la ley del mínimo esfuerzo, fruta pelada, títulos de fin de semana que son igual de nutritivos que las patatas de un burguer.

Comida real

Espiritualidad real

Vida real

Mariam