Tiempos sagrados. Aligerando la mochila

Tiempos sagrados. Aligerando la mochila

En el mundo tecnológico en el que vivimos, creo y siento, que ahora mismo ha despertado una necesidad primaria de volver a la espiritualidad, y tenemos muchas y variadas herramientas tecnológicas que nos proveen de puertas de entrada a esas realidades, desde aplicaciones de respiración y meditación, a salas virtuales donde encontrarnos cara a cara, con voz y expresión, ya que por las circunstancias actuales el piel con piel es algo imposible,

 

En este despertar, en esta necesidad, también entra otra necesidad secundaria pero muy importante que es encontrar la autenticidad de ese camino. A veces, te piden la misma trazabilidad que a una vaca. Quién eres, que has hecho antes y quién puede dar referencias sobre ti y tu formación. Todo eso me parece muy necesario en este mundo donde ganar dinero con un nicho de clientes es mucho más importante que la honestidad de lo que se ofrece.

 

Pero no somos una vaca, somos otro tipo de ser vivo, y no todas las experiencias que tenemos se aprenden en un aula, ni virtual ni real, es más las verdaderas experiencias se viven en lo cotidiano y en el día a día. Cuando nos ponemos enfrente de todas las cosas que nos causan rechazo, resistencia, dolor, es ahí donde todo lo aprendido se pone en práctica y pasamos de tener conocimiento a tener sabiduría, esta última no deja de ser conocimiento en acción.

 

Una de las cosas sobre las que voy a ir hablando a lo largo de los meses, cuando cambiemos de portal es de “Los tiempos sagrados”. Los tiempos sagrados son momentos a lo largo del año, donde el alma vibra con una necesidad especifica de conexión con la Gran Madre, no porque seamos especiales, es que vivimos en Ella y de Ella, no estamos separados, aunque vivir en ciudades nos ha desnaturalizado.

 

El tiempo sagrado en el que estamos ahora es el portal de la Madre de la Muerte. Es un momento para honrar a los que se fueron, para escuchar aquello que tienen que decirnos por medio de todo aquello que nos llame la atención.

 

Es momento de para deshacerse de las mochilas llenas de piedras (obligaciones autoimpuestas) que cada persona lleva a las espaldas, y, que puede hacer de un determinado momento vital una carga insoportable. Aligerar esa mochila es algo que todo el mundo puede hacer sin necesidad de una persona intermediaria. Tan solo hay que ser consciente de que piedras llevamos en esa mochila, si nos son útiles y si queremos o no queremos seguir acarreando esas piedras con nosotras.

 

Muchas de esas piedras son vivencias que ya tenemos integradas, pero que, en nuestra prisa y hacer diario, no hemos revisado y ese peso sigue en nuestras mochilas vitales, haciendo que miremos al suelo y no a todo lo que nos rodea, porque el peso nos oprime.

 

  • Tómate un momento paro estar a solas, siéntate en una postura cómoda para ti, donde la energía pueda fluir bien por todo tu cuerpo, para sanar no hay que sufrir, sanamos mucho mejor desde el placer, aunque como nunca nos lo han contado no sepamos hacerlo.

  • Visualízate a ti mima, a ti mismo, en un lugar en la naturaleza que sea muy preciado para ti y llénate del olor, del aire, de la tierra bajo tus pies mientras te das cuenta de la mochila tan enorme que tienes en la espalda y de lo que pesa.

  • Quítatela, ponla en el suelo, saca todas las piedras y revíselas, todas ellas llevan un palabra o una frase escrita que tiene sentido para ti.

  • Toma conciencia de las piedras que llevas a la espalda que hace tiempo que desaparecieron de tu vida y haz un montón con ellas, las otras, por ahora, tendrán que seguir en la mochila y en tu camino vital.

  • Con las piedras del montón, haz un círculo, todas ellas se completan a sí mismas y son una ofrenda al mundo natural, porque sabes que, en el círculo de la Vida, no hay principio, ni fin, ni afuera, por eso las ponemos en círculo.

  • Coge de nuevo tu mochila y fíjate en que ya pesa menos, siente el alivio de haber dejado parte de la carga

  • Vuelve a tomar conciencia de la habitación en la que estás y regresa a tu conciencia ordinaria.

 

Cuando la estación del tiempo sagrado en el que estamos viviendo llegue, volveremos a conectar con esa mochila y dejaremos que un rostro de la Gran Madre nos acompañe en el proceso. En este trayecto te ha acompañado la Madre de la Muerte, aunque haya sido una compañía no visible, pero muchas de tus piedras, las que han desaparecido, han muerto en tu realidad diaria. El resto seguirá siendo transformado.

 

Puedes volver a repetir este ritual las veces que quieras y necesites, porque el tiempo sagrado existe siempre, no hay esperar ninguna conjunción especial para traspasar el velo de la realidad ordinario y entrar en el tiempo sagrado.

 

Mariam

Cortando hilos

Cortando hilos

Estamos unidas y unidos al tejido vital, a toda la red que conforma el Gran Tejido.

Todos los nudos, vueltas y dobles vueltas de esos hilos no solo conforman nuestra vida, también forman la trama y la urdimbre de la vida entera.

Pero no tenemos ninguna obligación de seguir tejidas a los tapices de otras personas, como si fuera una condena, ese destino inamovible sobre el que leemos en muchos sitios. No. Tú decides con quién tejerte, igual que eliges con quién vivir o qué comer.

Esa libertad es el poder que tenemos, un poder enorme, que desde luego conlleva una gran responsabilidad, la responsabilidad de usarlo, porque un don que no se usa, es como un altar que no se renueva, algo vacío, aunque estéticamente sea bonito.

En el portal de la Madre de la Muerte, Ella nos trae las sagradas tijeras que cortan los hilos a los que no queremos seguir tejidas. Es el momento perfecto para visualizar tranquilamente esos hilos y sentirlos en toda su extensión.

Sentir el amor que recibimos y damos en algunos, la pena, la frustración, el fracaso, la atadura, el agobio, ¡hay tantos hilos y tantas emociones!

Te dejo aquí una canción de uno de mis compositores favoritos Adrian Von Ziegler, para que te inspire y te acompañe en el proceso de sentir tu trama y tu urdimbre. Coge una postura cómoda, dale al play, respira despacio y profundamente y siente todos esos hilos conectados a personas, situaciones, vivencias o entornos. Siente a cuáles quieres seguir tejida y a cuáles no mientras disfruta de la música. La música es suave, porque no quiero que mires con rencor ni dolor, aunque lo sientas.

 

 

Cuando tengas más o menos claro, que nunca hay claridades meridianas e inefables, tan solo tienes que coger un tijera, cualquier que tengas en tu casa, bendecirla con tu propia intención, no necesitas más. Habla con la tijera y dila lo que quieres hacer, y que es lo que quieres para el bien de todas las partes implicadas.

Aquí te dejo otra canción para que cortes tus hilos. Sigue siendo una música suave para que te despidas con dulzura, aunque las vivencias puedan llegar a ser hasta violentas, por eso mismo este es un toque suave para algo que puede llegar a ser atroz.

 

Puede que te sientas cansada o triste, aunque puede que también puedas sentirte eufórica, sea como sea, agradece a las tijeras el acompañamiento, aunque sean humildes y de un bazar de todo a un euro, han sido para ti, en esos momentos la herramienta más sagrada que podrías tener.

 

Has elegido ser libre, has elegido con conciencia.

 

Tus hilos seguirán tejiéndose a la misma vida una y otra vez, pero en esta ocasión has hecho magia, la magia de la intención y de la acción, desde el sentimiento y la quietud. Magia de las cuatro direcciones, desde el centro que eres tú misma.

Bienvenida a casa.

 

Mariam

Tiempo de ancestras

Tiempo de ancestras

Entramos en la época oscura del año para las tradiciones de origen celta. Samhain, Samhuinn, es el final de verano. Se acabaron las cosechas, las conservas se ultiman, se termina de guardar el grano y los alimentos al resguardo de la humedad que lo puede estropear.

 

En esta época del año honramos a las personas que estuvieron antes, todas esas personas viven en nuestro ADN, somos ellas de alguna manera. Podemos tener el color de pelo de la bisabuela, la mirada del abuelo, los ojos de la madre o las manos del padre o de su madre. Tenemos también rasgos de carácter que nuestras abuelas y abuelos reconocen en nosotras.

 

Nombramos a todos los que se fueron porque de lo que no se habla no existe y nombrando a ancestras y ancestros permanecen eternos en nuestra memoria. Contamos las historias que hemos vivido con todas ellas y ellos y contamos las historias que nos han contado y que han pervivido en la memoria familiar.

Honramos a todas esas personas con la cena del silencio, cocinando todos aquellos platos que más les gustaban, dejando su sitio en la mesa, como otra forma de seguir manteniendo su recuerdo.

 

Ponemos sus retratos en nuestros altares, tanto de la familia de sangre como de la familia del alma. Cada vez que paso delante de ese altar me asaltan recuerdos de tantas cosas vividas e incluso la tristeza de la ausencia, porque esa tristeza es amor del corazón, anhelo, añoranza. Esa tristeza a ratos es sana, natural, eso es que estamos vivas y ellos y ellas también.

El altar de nuestros ancestros y ancestras

 

No hace falta que seas nada de nada, no hace falta ser sacerdotisa ni bruja para poder honrar a tus antepasadas y antepasados. Tan solo hace falta tu intención y tu amor. Puedes armar un altar dedicado a esas personas, con fotografías u objetos asociados a esas personas.

Enciende velitas como luces de bienvenida, luces de gratitud, luces de amor. Pon las ofrendas que quieras en ese altar, no porque te las reclamen, si no como muestra de tu amor.

 

Ha habido años que hemos podido oler el tabaco de pipa del abuelo, la colonia de otro, o el olor jabón de Heno de Pravia de las sábanas de los antiguos armarios. Muchas veces hay una sombra y sabemos quién es, podemos casi sentir el tacto de las caricias.

Nos visitan en sueños, nos hablan, nos consuelan, nos traen mensajes completamente necesarios, anhelados incluso. Nuestras ancestras y ancestros siempre se hacen presentes, año tras año, si prestamos atención a las señales, sabremos quién son en cada momento y podremos disfrutar de ese toque de la magia que atraviesa el velo y viene del OtroMundo.

Paraíso

Paraíso

¿Y si cerramos los ojos por un momento y tratamos de imaginar que el mundo no es así como nos lo contaron? Imagina, por ejemplo, que la historia que nos contaron del Paraíso es verdad solo en parte. Imagina que no nos corrieron de aquel lugar perfecto e idílico, con una belleza tal que te quita el aliento.  Imagina que seguimos ahí y que, en un lugar tan bello, podemos encontrar todo aquello que necesitamos.

Imagina que en ese paraíso todo funciona como un reloj bien ajustado, con un ritmo determinado y todo funcionando a la perfección en su propio tiempo. En un mundo así, no debería de existir el sufrimiento como forma de vida, ni el dolor debería de ser visto como el precio a pagar para poder disfrutar de cualquier cosa. Dentro de tanta belleza y perfección, debería de ser posible vivir a través del placer y del gozo. Placer en todos los sentidos y para todos los sentidos.

Un mundo, en el que es fácil darse cuenta de que parte de esa belleza y placer, tienen su origen en la certeza de que cada ser que lo habita tiene una conexión con todo. Como ese Gran Tejido, en donde si un hilo cambia, todos los demás hilos lo perciben.

Un mundo, en el que los círculos son importantes. Porque no hay necesidad de sobresalir y demostrar que “yo puedo más” o que “soy el mejor”. Siendo conscientes de que cada ser que lo habita tiene su propia misión y es igual de importante que la de cualquier otro. Sin importar su tamaño, apariencia u origen.

Un mundo, en el que somos conscientes de que, al dañar al otro, nos hacemos daño a nosotros y nosotras mismas. De que cualquier daño que hagamos en este bello paraíso, nos lo estamos haciendo a todos los seres humanos también.

Un mundo, en el que el agradecimiento es nuestro eterno acompañante, y que, a través de él, mantenemos esa visión de belleza y plenitud de todas las personas y del mundo en el que vivimos.

Imagina que no tenemos que esperar, ¡sino comenzar a disfrutarlo y a vivirlo desde ya!

¿Puedes imaginarlo?

¡Pues despierta y quítate la venda!

Limpia tus oídos de todas esas falsas historias que desde siempre nos han contado, porque son mentira.

 Y ahora que ya abriste los ojos:

 ¡Bienvenida, bienvenido al Paraíso, de donde nunca has salido!

Erika

El círculo de sombra de la abundancia

El círculo de sombra de la abundancia

Abundancia

Algo que deseamos, y que, como esas amantes esquivas de la literatura romántica, huye de nosotras, aunque habita todos nuestros sueños.

 

Si yo tuviera dinero haría XXX. Una frase repetida hasta la saciedad, incluida yo. Parece ser que el dinero te quita el miedo, porque realmente lo que nos detiene a hacer muchos cambios es el miedo y no la falta de dinero.

 

Claro, pero si tuviera un “colchoncito”, si lo que hago sale mal siempre puedo seguir. ¿Seguir haciendo lo que hacías antes? Si eso es imposible, porque cuando emprendas ese nuevo viaje ya nunca serás la de antes, y si tu proyecto sale mal, tener dinero no te servirá más que para pagar facturas, porque el proceso de duelo de ese proyecto fallido te dejará igual de hundida o indefensa que una persona que no tiene el dinero que tu.

 

Ahora hablamos largo y tendido sobre esa “nueva normalidad” que yo llamo “nueva oportunidad”, porque nunca podremos ser lo que fuimos, y mucho menos habiendo pasado por meses de confinamiento, por la despersonalización del otro, que lleva la cara cubierta por la mascarilla. No podemos volver a la antigua normalidad, donde, desde luego, éramos peones de una partida en la que somos sustituibles, y, donde por supuesto, lo seguimos siendo.

 

Pero ya no hay nueva normalidad como la de antes porque somos personas infinitamente distintas, habiendo sido sometidos como colectividad a una enorme presión económica y social. Desde esta presión, con el miedo o la ausencia de él, podemos convertirnos en un diamante, ya que el cuerpo humano tiene una base de carbono, o, simplemente en algo aplastado por el peso de las infinitas opiniones que ruedan por las redes.

 

Volviendo a la abundancia, y continuando, hablando del miedo, ambos conceptos son incompatibles. Donde hay miedo no hay abundancia, porque entre los dos conceptos hay algo muy fuerte en lo que no reparamos, donde hay miedo hay culpa, donde hay culpa hay castigo, o sea, que esperamos la redención de algo, el perdón o la exoneración a cambio de una pena dictada por tu dios, el universo, o por la federación intergaláctica de las patatas gajo.

 

Normalmente el castigo nunca nos parece suficiente, porque mejor pagar de más y que luego no nos vengan a reclamar, que pagar de menos y que encima nos pidan intereses. Tampoco tenemos claro muchas veces, sobre que gran delito recae esa pena reinsertadora, y, si tenemos claro que hemos hecho algo mal, hemos llegado a magnificarlo hasta acercarnos peligrosamente a sentirnos genocidas cuanto menos.

 

En el ciclo de la abundancia vivida desde la sombra, igual con una vuelta sola no vale, y hay que integrar todo, varias veces, para ir haciendo un lento trabajo de integración, tan lento que se instaure en nuestra vida sin darnos cuenta, sin revelaciones, sin epifanía.

 

Mejor que sea tan lento que, cuando un día miremos hacia atrás y nos demos cuenta de que estamos viviendo en la abundancia, se nos llene el corazón de gratitud, aunque no sepamos en que momento hicimos ese salto de fe y de confianza en nosotras mismas.

 

Ahondaremos en este círculo de la sombra de la abundancia en nuestra celebración de la siguiente luna nueva, que será el 19 de agosto. Si quieres participar y unirte alrededor de la hoguera con nosotras, escribe a templo@templodelagranmadre.es