La Madre del agua

La Madre del agua

La Madre del agua llega con el solsticio, cuando el día es más largo y la noche es más corta. Muchas tradiciones celebran el sol y el fuego, pero para nosotras, donde la Tierra es nuestro mayor altar, y nuestro cuerpo es un reflejo Suyo, nuestro sur y el Suyo son las aguas, todas las aguas, incluidas las menstruales en la mujer.

Yo, solo os dejo una reflexión, en verano, todo el mundo sale disparado al mar, a las piscinas, a las charcas de las montañas y los ríos. Llega el verano y nos metemos en el agua casi con ansia, y, aún haciendo eso porque hace calor, el agua es el exponente del verano, porque del sol nos protegemos.

 

Agua, emociones, sentimientos. El cuerpo humano, tiene agua dulce en su composición de casi el 75%, tenemos agua salada del sudor y las lágrimas, tenemos sangre en las venas y ciclo menstrual. Somos líquido en su mayor parte, al igual que este hogar que llamamos Tierra. Y son los sentimientos y las emociones, lo que celebramos en este portal. El conocimiento de todos ellos, la conciencia de sus profundidas y de su movimiento. Porque toda agua estancada se corrompe, y, si el agua es el origen de la vida, el agua estancada es el origen de la muerte.

 

Nuestras emociones pueden ser lagos dulces, agua de glaciar, mar tranquilo, olas enormes, ríos cantarines. Somos todo eso y más. ¡Celébralo!

Festeja el agua incluso en la ducha, tomando conciencia de la suerte que tienes de que agua limpia salga de un tubo metálico, tomando conciencia de que no solo te limpia, sino que te refresca, te hace sentir bien. Agradecer el agua en la ducha ya es una ceremonia en sí misma, porque ya hay un espacio sagrado, tu propio cuerpo, sostenido por tu corazón agradecido y con un propósito, vivir en el placer del agua en ese momento, tomando conciencia de todo lo que aporta en tu vida, mucho más allá de lo evidente.

Festeja tus lágrimas, tus aguas saladas, ellas son la tristeza y también la alegría, son la válvula de escape para no estallar por dentro cuando la pena nos invade, y como digo muchas, veces, son el champán con el brinda el corazón cuando salen de puro gozo y emoción y alegría.

Festeja la sangre de tus venas que lleva el oxígeno por todo tu cuerpo, y que transporta el dióxido de carbono para que salga. El agua es un símbolo psicopompo, de muerte y también de vida, el flujo y reflujo de las mareas de venas y arterias es la gran metáfora de eso.

Festeja tu ciclo menstrual, la sangre que no es derramada por herida, sufrimiento o guerra. La sangre de la vida y también de la muerte cuando no se produce la gestación humana. Festeja tu vientre, que puede preñarse no solo de un bebé sino de infinidad de proyectos. Tu cueva sagrada y roja intensa acoje tus emociones, las emociones de tus ancestras, y es la cuna de las emociones de las generaciones que vendrán.

Hemos nacido del agua, durante nueve meses hemos estado inmersas en el líquido amniótico que nos ha contenido hasta nacer al aire.

Festejemos todas las aguas, porque ninguna emoción o sentimiento es negativo, puede ser útil o no dependiendo del momento, pude nutrir o drenar, pero nunca es negativo, nosotras no tenemos ese concepto en nuestra manera de entender la vida, por eso te lo contamos, igual te sirve. Date permiso para sentir todo lo que hay en tu interior. Se libre para vivir cada emoción hasta el final, y dejar que se marchen, como se marchan las olas que rompen en la playa, como el agua se evapora, como el río fluye.

 

Feliz solsticio de verano

 

Mariam

La ley del mínimo esfuerzo

La ley del mínimo esfuerzo

Me imagino, que, a vosotras y vosotros, como nosotras, se os caerán los ojos al suelo cuando véis alimentos envasados en plástico cuando ya tienen una cobertura natural, ecológica y completamente compostable: su propia piel.

Pero podemos dar un paso más y ver la fruta pelada y en gajos, bien envuelta en plásticos para que no se seque, la piña cortada en su cajita de plástico con dibujitos. Exprimidores de naranjas para que te lleves el zumo recién exprimido a cada, vamos allá con otra botella de plástico. Verduras para cocinar al microondas en su plástico también.

 

Como nota informativa, la migración de plastificantes se produce a los 50 grados, quiere decir que las moléculas del plástico pasan a la comida a partir de esa temperatura, que se supera con creces en la cocción en su propia bolsa. Estás lleno y llena de microplásticos, se ven muchas veces en los análisis de orina.

Una especie sin alas, ni púas, ni escamas, ni aguijones, ni zarpas. Una especie que tiene la misma defensa desnudo que un ratón, y que ha conseguido llegar hasta donde estamos, si, a la masificación y la destrucción de los recursos también, pero me refería a las construcciones, los avances médicos, el agua corriente en las casas, cosas como esas.

Ese mismo humano que llegado a conseguir todo eso, ahora es incapaz de pelarse una naranja, tirar la piel a la basura y con las manos con las que construyó sus primeras y rústicas viviendas, comérsela.

Ahora cocinamos menos, hay muchos restaurantes y hasta te lo traen a casa, no hay que recoger leña para calentarse, ni ir a lavar al río o acarrear cántaros inmensos con agua potable. No cazamos, ni sembramos, ni recolectamos, a menos que esa sea la traducción actual de ir al hipermercado y yo no me haya dado cuenta. Pero no podemos partir una piña.

Tampoco andamos varios días para llegar a nuestro destino, quizá en unas horas ya estamos allí con el coche, y, además somos la generación que más ha viajado por el mundo. Pero no podemos cocer unas patatas en una cacerola o al menos usar un utensilio para microondas.

Y si me lo llevo a las formaciones que nosotras podemos impartir pasa exactamente lo mismo. Son formaciones largas, duras, para que mentir. Son formaciones donde hay que pelar la patata y ponerla a cocer, esperar, poner a enfriar y pelar, son de las de hay que poner tiempo y ganas. Son formaciones de quitar el moño de la piña, pincharte un poco con una hoja, y pensar por donde se comienza a comer una piña. Son formaciones donde seguro, que, al pelar la naranja, algo de su zumo entrará en alguna pequeña herida y te escocerá hasta lo más hondo, y si es uno de esos días raros, el zumo te saltará a un ojo fijo. No toda la naranja estará dulce, igual te atragantas y habrá gajos llenos de pipos y secos como la arena del desierto.

Pero será comida real, una comida que no ha pasado por una cámara frigorífica, por eso seguro que no es de bodegón, alguna tara tendrá, como nuestras formaciones, que son reales, dulces y amargas, jugosas y secas. Son formaciones donde tienes que poner tu tiempo, tu intención y todas tus ganas para dejarte nutrir por ellas.

No todo lo que vivirás será maravilloso, que pipos habrá seguro, que las heridas te escocerán y te pincharás en sitios que no sabías ni que tenías en el alma. Pero será comida real, raw, en crudo. Tu decidirás como comerla o cocinarla, cuanto comes, cuanto dejas, a que velocidad masticas y como harás la digestión, sabiendo que si te pones morada te sentará mal, y si masticas despacio y disfrutando de cada bocado, todo será alimento.

Cuando alguna interesada nos comenta que si no puede hacerse todo en un intensivo de tres días, yo me quedo ojiplática, como resumir cuatro años en un fin de semana.

Vivimos en el mundo de la ley del mínimo esfuerzo, fruta pelada, títulos de fin de semana que son igual de nutritivos que las patatas de un burguer.

Comida real

Espiritualidad real

Vida real

Mariam

Ciencia vs naturaleza. Historia de una alienación

Ciencia vs naturaleza. Historia de una alienación

La ciencia nos permite muchas cosas, entre otras, que yo publique este artículo y que tu lo puedas leer, estés donde estés. Nos ha dado avances sanitarios increíbles, como las vacunas, medicamentos para enfermedades como la diabetes, que nos operen de mil cosas, que antes eran muerte segura.

 

Pero esta misma ciencia, que no brotó como una seta, sino que fue configurándose a sí misma, creciendo según pasaban los siglos y haciéndose exponencial en los dos últimos ha dado lugar a la desnaturalización, la separación de la naturaleza, que es de donde provenimos y de donde la ciencia extrae todos los materiales que necesita para sus avances.

 

Que el plástico no nace de la nada, sus componentes provienen de la naturaleza, igual que el pan, solo que son diferentes y están mucho más procesados.

 

Esa dualidad ciencia-naturaleza ha propiciado también la exclusión de la mujer, no ahora, ni el siglo pasado, todo está pasando desde hace centurias. Por ejemplo, en la edad media a la mujer se la prohibió ser artesana y tener gremios, incluso los hombres artesanos, que se negaron a trabajar con ellas hicieron huelga hasta que las autoridades no los prohibieron.

 

Nos mandaron al hogar donde “las tareas domésticas” comenzaron a denominarse tal cual. Nos aislaron de los conocimientos, prohibiendo que accediéramos a escuelas y universidades, para que pudiéramos ocuparnos de nuestras cosas, hogar e hijos, y así pasamos a ser una propiedad con la que traficar, como los terrenos o los objetos.

 

A través de la cosificación de la Tierra como algo no útil, y de la cosificación de la mujer por el mismo motivo, la separación de la Naturaleza comienza a hacerse cada vez más evidente. Aunque hubo movimientos para erradicar todo eso, ninguno prosperó lo suficiente, y cada vez fueron más evidentes las diferencias entre hombres y mujeres, donde nosotras pasamos a ser un objeto pasivo en la dualidad, y los hombres la parte activa.

 

Se nos prohibió trabajar solas, vivir solas o en compañía de otras mujeres, si lo hacíamos éramos putas o brujas. La degradación social de la mujer alcanzó su cenit alrededor del siglo XVI, donde las leyes ya eran tajantes con respecto a que las mujeres no podíamos desarrollar oficios y menos solas.

 

Eso implica también un gran poder social del hombre sobre la mujer, sin poder ir sola y sin poder reunirse nos aislaban y cosificaban cada vez más. El miedo se instaló en el espíritu y la psique femeninas.

 

Si queremos recalificar la Tierra como ser vivo y no como una propiedad, tenemos que hacer lo mismo con las mujeres, por eso el ecofeminismo no separa una cosa de la otra.

 

Ynestra King, nos cuenta que hay que conciliar el sentido de lo sagrado, uniendo misticismo y racionalidad científica, para poder crear un nuevo modo de estar en el mundo y este tipo de espiritualidad mira en los modelos que hay de culturas no industrializadas.

 

 

El principio femenino no sólo está presente en las mujeres, sino también en los

hombres y en todo lo vivo, y su recuperación es una respuesta a la dominación

de las mujeres y la naturaleza. Se trata de un principio basado en la

inclusividad, que reúne e integra naturaleza, hombres, mujeres y formas

creativas de ser y percibir. Aceptar este principio femenino supone ver la

naturaleza como organismo vivo, las mujeres como productivas y activas, y los

hombres como colaboradores en la creación de sociedades que mejoren la

vida, no que la reduzcan y amenacen. El principio femenino niega la oposición

entre espíritu y materia y unifica ambas entidades en tanto que lo impregna

todo, abarca lo vivo y lo dota de subjetividad. (Vandana Shiva, “Las mujeres en la naturaleza”)

 

 

El ecofeminismo reconoce la sacralidad de la Tierra, de la Gran Madre, la dimensión espiritual que no se reconoce aún y que está llevando al humano a su propia destrucción, porque la Tierra seguirá, aún sin humanos.

 

El hombre se ha adueñado de la fertilidad de la Tierra, lo está haciendo también con la fertilidad de las mujeres, sólo hay que ver el auge de los vientres de alquiler. Nosotras tenemos que ser activas y proactivas para que todo esto cambie, introducir esos cambios en nuestras vidas, poco a poco y extenderlos.

 

La Tierra no es una cosa que vender, comprar, explotar.

 

Las mujeres tampoco

 

 La libertad inclusiva desde la espiritualidad y lo sagrado es una de las semillas que nos pueden salvar.

 

 

Mariam

Gran Madre, la Tierra

Gran Madre, la Tierra

Rama y raíz,
árbol y piedra
Principio y fin,
Gran Madre Tierra.
Eres el brote
y la rama muerta
Eres la lluvia,
viento que seca.
Muerte y placer,
siembra y cosecha,
tras amanecer,
el ocaso llega.
La vida y la muerte,
cambiante y eterna
Soy yo y soy ellas,
todas mis ancestras.
Que viven en mi
y yo vivo en ellas,
sin tiempo ni espacio,
transito la senda.
Que hasta Ti me lleva.
siendo Tu mi hogar,
Gran Madre,
la Tierra.
Mariam

Simone de Beauvoir

Simone de Beauvoir

Simone de Beauvoir fue una escritora, filósofa y feminista francesa, su obra y sus actos nos siguen inspirando a día de hoy, y, en su momento cambió el paradigma que existía y creó una brecha que se llenó de semillas, esas semillas que ahora son plantas que siguen polinizando, esas semillas somos nosotras.

Fue pareja del también filósofo Jean Paul Sartre, del que rechazó una propuesta de matrimonio que les hubiera permitido estar juntos enseñando en el mismo centro para no perder su independencia, y, sin embargo esa separación destrozó su vida en ese momento, aún así, su independencia estaba por encima de todo lo demás.

Ella ya venía de un entorno familiar que había pasado de la opulencia a la ruina total después de la Primera Guerra Mundial, con el matrimonio de sus padres lleno de desavenencias. No quería sumar sus circunstancias a las de Sartre para crear algo común que no fuera lo que tenían. También decidió no tener hijos y mantuvo relaciones con mujeres, incluidas algunas de sus alumnas. 

Como atea y comunista convencida, aparte de feminista, viajó por medio mundo dando charlas y conociendo a la flor y nata del pensamiento del momento y de la política, como al dirigente chino Mao Zedong, pero lo que realmente catapultó a Simone a la fama fue su libro «El segundo sexo», que se convirtió en el marco teórico esencial para las reflexiones de las fundadoras del movimiento de liberación de la mujer.

De Beauvoir se convirtió en precursora del movimiento feminista al describir a una sociedad en la que se relega a la mujer a una situación de inferioridad. Su análisis de la condición femenina, en ruptura con las creencias existencialistas, se apoya en los mitos, las civilizaciones, las religiones, la anatomía y las tradiciones. Este análisis desató un escándalo, en particular el capítulo dedicado a la maternidad y al aborto, entonces equiparado al homicidio. Describía el matrimonio como una institución burguesa repugnante, similar a la prostitución en la que la mujer depende económicamente de su marido y no tiene posibilidad de independizarse. (Wikipedia).

Esta gran mujer nos ha dejado el legado de deconstruirnos, de dejar de ser propiedades del varón como la mujer o la hija, para encontrar un identidad propia. Puede que ahora, sus palabras suenen anticuadas, pero no caigamos en la trampa de ignorarlas porque ahora nos podemos divorciar y hasta podemos optar por el aborto.

Eso solo sucede en ciertos países, y en los países donde se tiene el derecho, no siempre se puede ejercer, porque puede formar parte de los privilegios de la raza blanca y rica.

En esa deconstrucción de la que nos habla Simone de Beauvoir tenemos que mirarnos día tras día con esas gafas violeta de las que os hablamos constantemente, porque estamos tan sumamente programadas que nos cuesta verlo.

No somos más dulces, cuidadoras, femeninas, coquetas o suaves por ser mujer, eso es una construcción social en la que se nos ha educado a todos, a las mujeres para ejercerla y a los hombres para solicitarla.

La mujer no es el centro de los cuidados de la familia por el hecho de ser mujer, esa es una de las deconstrucciones más potentes que estamos logrando, muy poco a poco, introducir como feministas en la sociedad, comenzando por nuestras propias familias y nosotras mismas.

En «El segundo sexo» hay mucho más contenido que estas cuatro palabras, es un ensayo de casi mil hojas, y desde luego, ahora mismo puede que en su totalidad no sea válido para las diferentes corrientes feministas del siglo XXI, pero sin Simone de Beauvoir, aún estaríamos luchando por derechos, que igual nos los quitan en breve, pero que ahora mismo, muchas de nosotras ya los tenemos adquiridos.

Esta autora, personalmente, cada vez que la leo, me hace pensar en «El cuento de la criada», porque por más antiguas que nos parezcan sus circunstancias, volver atrás a vivir en una distopía, no es una idea tan descabellada en estos momentos.

Las mujeres renunciaban a todo cuando se casaban, ahora nos puede parece una locura, pero esta sociedad cada vez está más loca. El miedo, la escasez, las pandemias, la desinformación en un mundo globalizado y superpoblado es el germen de cultivo de una distopía, como comentaba arriba, quizá volver a leer a Simone de Beauvoir nos acerque a una realidad que no queremos vivir, y nos haga activistas y sobre todo, mujeres comprometidas con nosotras mismas, que siguen siendo semilla de las siguientes generaciones.

Mariam