Paraíso

Paraíso

¿Y si cerramos los ojos por un momento y tratamos de imaginar que el mundo no es así como nos lo contaron? Imagina, por ejemplo, que la historia que nos contaron del Paraíso es verdad solo en parte. Imagina que no nos corrieron de aquel lugar perfecto e idílico, con una belleza tal que te quita el aliento.  Imagina que seguimos ahí y que, en un lugar tan bello, podemos encontrar todo aquello que necesitamos.

Imagina que en ese paraíso todo funciona como un reloj bien ajustado, con un ritmo determinado y todo funcionando a la perfección en su propio tiempo. En un mundo así, no debería de existir el sufrimiento como forma de vida, ni el dolor debería de ser visto como el precio a pagar para poder disfrutar de cualquier cosa. Dentro de tanta belleza y perfección, debería de ser posible vivir a través del placer y del gozo. Placer en todos los sentidos y para todos los sentidos.

Un mundo, en el que es fácil darse cuenta de que parte de esa belleza y placer, tienen su origen en la certeza de que cada ser que lo habita tiene una conexión con todo. Como ese Gran Tejido, en donde si un hilo cambia, todos los demás hilos lo perciben.

Un mundo, en el que los círculos son importantes. Porque no hay necesidad de sobresalir y demostrar que “yo puedo más” o que “soy el mejor”. Siendo conscientes de que cada ser que lo habita tiene su propia misión y es igual de importante que la de cualquier otro. Sin importar su tamaño, apariencia u origen.

Un mundo, en el que somos conscientes de que, al dañar al otro, nos hacemos daño a nosotros y nosotras mismas. De que cualquier daño que hagamos en este bello paraíso, nos lo estamos haciendo a todos los seres humanos también.

Un mundo, en el que el agradecimiento es nuestro eterno acompañante, y que, a través de él, mantenemos esa visión de belleza y plenitud de todas las personas y del mundo en el que vivimos.

Imagina que no tenemos que esperar, ¡sino comenzar a disfrutarlo y a vivirlo desde ya!

¿Puedes imaginarlo?

¡Pues despierta y quítate la venda!

Limpia tus oídos de todas esas falsas historias que desde siempre nos han contado, porque son mentira.

 Y ahora que ya abriste los ojos:

 ¡Bienvenida, bienvenido al Paraíso, de donde nunca has salido!

Erika

El círculo de sombra de la abundancia

El círculo de sombra de la abundancia

Abundancia

Algo que deseamos, y que, como esas amantes esquivas de la literatura romántica, huye de nosotras, aunque habita todos nuestros sueños.

 

Si yo tuviera dinero haría XXX. Una frase repetida hasta la saciedad, incluida yo. Parece ser que el dinero te quita el miedo, porque realmente lo que nos detiene a hacer muchos cambios es el miedo y no la falta de dinero.

 

Claro, pero si tuviera un “colchoncito”, si lo que hago sale mal siempre puedo seguir. ¿Seguir haciendo lo que hacías antes? Si eso es imposible, porque cuando emprendas ese nuevo viaje ya nunca serás la de antes, y si tu proyecto sale mal, tener dinero no te servirá más que para pagar facturas, porque el proceso de duelo de ese proyecto fallido te dejará igual de hundida o indefensa que una persona que no tiene el dinero que tu.

 

Ahora hablamos largo y tendido sobre esa “nueva normalidad” que yo llamo “nueva oportunidad”, porque nunca podremos ser lo que fuimos, y mucho menos habiendo pasado por meses de confinamiento, por la despersonalización del otro, que lleva la cara cubierta por la mascarilla. No podemos volver a la antigua normalidad, donde, desde luego, éramos peones de una partida en la que somos sustituibles, y, donde por supuesto, lo seguimos siendo.

 

Pero ya no hay nueva normalidad como la de antes porque somos personas infinitamente distintas, habiendo sido sometidos como colectividad a una enorme presión económica y social. Desde esta presión, con el miedo o la ausencia de él, podemos convertirnos en un diamante, ya que el cuerpo humano tiene una base de carbono, o, simplemente en algo aplastado por el peso de las infinitas opiniones que ruedan por las redes.

 

Volviendo a la abundancia, y continuando, hablando del miedo, ambos conceptos son incompatibles. Donde hay miedo no hay abundancia, porque entre los dos conceptos hay algo muy fuerte en lo que no reparamos, donde hay miedo hay culpa, donde hay culpa hay castigo, o sea, que esperamos la redención de algo, el perdón o la exoneración a cambio de una pena dictada por tu dios, el universo, o por la federación intergaláctica de las patatas gajo.

 

Normalmente el castigo nunca nos parece suficiente, porque mejor pagar de más y que luego no nos vengan a reclamar, que pagar de menos y que encima nos pidan intereses. Tampoco tenemos claro muchas veces, sobre que gran delito recae esa pena reinsertadora, y, si tenemos claro que hemos hecho algo mal, hemos llegado a magnificarlo hasta acercarnos peligrosamente a sentirnos genocidas cuanto menos.

 

En el ciclo de la abundancia vivida desde la sombra, igual con una vuelta sola no vale, y hay que integrar todo, varias veces, para ir haciendo un lento trabajo de integración, tan lento que se instaure en nuestra vida sin darnos cuenta, sin revelaciones, sin epifanía.

 

Mejor que sea tan lento que, cuando un día miremos hacia atrás y nos demos cuenta de que estamos viviendo en la abundancia, se nos llene el corazón de gratitud, aunque no sepamos en que momento hicimos ese salto de fe y de confianza en nosotras mismas.

 

Ahondaremos en este círculo de la sombra de la abundancia en nuestra celebración de la siguiente luna nueva, que será el 19 de agosto. Si quieres participar y unirte alrededor de la hoguera con nosotras, escribe a templo@templodelagranmadre.es

La Madre del agua

La Madre del agua

La Madre del agua llega con el solsticio, cuando el día es más largo y la noche es más corta. Muchas tradiciones celebran el sol y el fuego, pero para nosotras, donde la Tierra es nuestro mayor altar, y nuestro cuerpo es un reflejo Suyo, nuestro sur y el Suyo son las aguas, todas las aguas, incluidas las menstruales en la mujer.

Yo, solo os dejo una reflexión, en verano, todo el mundo sale disparado al mar, a las piscinas, a las charcas de las montañas y los ríos. Llega el verano y nos metemos en el agua casi con ansia, y, aún haciendo eso porque hace calor, el agua es el exponente del verano, porque del sol nos protegemos.

 

Agua, emociones, sentimientos. El cuerpo humano, tiene agua dulce en su composición de casi el 75%, tenemos agua salada del sudor y las lágrimas, tenemos sangre en las venas y ciclo menstrual. Somos líquido en su mayor parte, al igual que este hogar que llamamos Tierra. Y son los sentimientos y las emociones, lo que celebramos en este portal. El conocimiento de todos ellos, la conciencia de sus profundidas y de su movimiento. Porque toda agua estancada se corrompe, y, si el agua es el origen de la vida, el agua estancada es el origen de la muerte.

 

Nuestras emociones pueden ser lagos dulces, agua de glaciar, mar tranquilo, olas enormes, ríos cantarines. Somos todo eso y más. ¡Celébralo!

Festeja el agua incluso en la ducha, tomando conciencia de la suerte que tienes de que agua limpia salga de un tubo metálico, tomando conciencia de que no solo te limpia, sino que te refresca, te hace sentir bien. Agradecer el agua en la ducha ya es una ceremonia en sí misma, porque ya hay un espacio sagrado, tu propio cuerpo, sostenido por tu corazón agradecido y con un propósito, vivir en el placer del agua en ese momento, tomando conciencia de todo lo que aporta en tu vida, mucho más allá de lo evidente.

Festeja tus lágrimas, tus aguas saladas, ellas son la tristeza y también la alegría, son la válvula de escape para no estallar por dentro cuando la pena nos invade, y como digo muchas, veces, son el champán con el brinda el corazón cuando salen de puro gozo y emoción y alegría.

Festeja la sangre de tus venas que lleva el oxígeno por todo tu cuerpo, y que transporta el dióxido de carbono para que salga. El agua es un símbolo psicopompo, de muerte y también de vida, el flujo y reflujo de las mareas de venas y arterias es la gran metáfora de eso.

Festeja tu ciclo menstrual, la sangre que no es derramada por herida, sufrimiento o guerra. La sangre de la vida y también de la muerte cuando no se produce la gestación humana. Festeja tu vientre, que puede preñarse no solo de un bebé sino de infinidad de proyectos. Tu cueva sagrada y roja intensa acoje tus emociones, las emociones de tus ancestras, y es la cuna de las emociones de las generaciones que vendrán.

Hemos nacido del agua, durante nueve meses hemos estado inmersas en el líquido amniótico que nos ha contenido hasta nacer al aire.

Festejemos todas las aguas, porque ninguna emoción o sentimiento es negativo, puede ser útil o no dependiendo del momento, pude nutrir o drenar, pero nunca es negativo, nosotras no tenemos ese concepto en nuestra manera de entender la vida, por eso te lo contamos, igual te sirve. Date permiso para sentir todo lo que hay en tu interior. Se libre para vivir cada emoción hasta el final, y dejar que se marchen, como se marchan las olas que rompen en la playa, como el agua se evapora, como el río fluye.

 

Feliz solsticio de verano

 

Mariam

La ley del mínimo esfuerzo

La ley del mínimo esfuerzo

Me imagino, que, a vosotras y vosotros, como nosotras, se os caerán los ojos al suelo cuando véis alimentos envasados en plástico cuando ya tienen una cobertura natural, ecológica y completamente compostable: su propia piel.

Pero podemos dar un paso más y ver la fruta pelada y en gajos, bien envuelta en plásticos para que no se seque, la piña cortada en su cajita de plástico con dibujitos. Exprimidores de naranjas para que te lleves el zumo recién exprimido a cada, vamos allá con otra botella de plástico. Verduras para cocinar al microondas en su plástico también.

 

Como nota informativa, la migración de plastificantes se produce a los 50 grados, quiere decir que las moléculas del plástico pasan a la comida a partir de esa temperatura, que se supera con creces en la cocción en su propia bolsa. Estás lleno y llena de microplásticos, se ven muchas veces en los análisis de orina.

Una especie sin alas, ni púas, ni escamas, ni aguijones, ni zarpas. Una especie que tiene la misma defensa desnudo que un ratón, y que ha conseguido llegar hasta donde estamos, si, a la masificación y la destrucción de los recursos también, pero me refería a las construcciones, los avances médicos, el agua corriente en las casas, cosas como esas.

Ese mismo humano que llegado a conseguir todo eso, ahora es incapaz de pelarse una naranja, tirar la piel a la basura y con las manos con las que construyó sus primeras y rústicas viviendas, comérsela.

Ahora cocinamos menos, hay muchos restaurantes y hasta te lo traen a casa, no hay que recoger leña para calentarse, ni ir a lavar al río o acarrear cántaros inmensos con agua potable. No cazamos, ni sembramos, ni recolectamos, a menos que esa sea la traducción actual de ir al hipermercado y yo no me haya dado cuenta. Pero no podemos partir una piña.

Tampoco andamos varios días para llegar a nuestro destino, quizá en unas horas ya estamos allí con el coche, y, además somos la generación que más ha viajado por el mundo. Pero no podemos cocer unas patatas en una cacerola o al menos usar un utensilio para microondas.

Y si me lo llevo a las formaciones que nosotras podemos impartir pasa exactamente lo mismo. Son formaciones largas, duras, para que mentir. Son formaciones donde hay que pelar la patata y ponerla a cocer, esperar, poner a enfriar y pelar, son de las de hay que poner tiempo y ganas. Son formaciones de quitar el moño de la piña, pincharte un poco con una hoja, y pensar por donde se comienza a comer una piña. Son formaciones donde seguro, que, al pelar la naranja, algo de su zumo entrará en alguna pequeña herida y te escocerá hasta lo más hondo, y si es uno de esos días raros, el zumo te saltará a un ojo fijo. No toda la naranja estará dulce, igual te atragantas y habrá gajos llenos de pipos y secos como la arena del desierto.

Pero será comida real, una comida que no ha pasado por una cámara frigorífica, por eso seguro que no es de bodegón, alguna tara tendrá, como nuestras formaciones, que son reales, dulces y amargas, jugosas y secas. Son formaciones donde tienes que poner tu tiempo, tu intención y todas tus ganas para dejarte nutrir por ellas.

No todo lo que vivirás será maravilloso, que pipos habrá seguro, que las heridas te escocerán y te pincharás en sitios que no sabías ni que tenías en el alma. Pero será comida real, raw, en crudo. Tu decidirás como comerla o cocinarla, cuanto comes, cuanto dejas, a que velocidad masticas y como harás la digestión, sabiendo que si te pones morada te sentará mal, y si masticas despacio y disfrutando de cada bocado, todo será alimento.

Cuando alguna interesada nos comenta que si no puede hacerse todo en un intensivo de tres días, yo me quedo ojiplática, como resumir cuatro años en un fin de semana.

Vivimos en el mundo de la ley del mínimo esfuerzo, fruta pelada, títulos de fin de semana que son igual de nutritivos que las patatas de un burguer.

Comida real

Espiritualidad real

Vida real

Mariam

Ciencia vs naturaleza. Historia de una alienación

Ciencia vs naturaleza. Historia de una alienación

La ciencia nos permite muchas cosas, entre otras, que yo publique este artículo y que tu lo puedas leer, estés donde estés. Nos ha dado avances sanitarios increíbles, como las vacunas, medicamentos para enfermedades como la diabetes, que nos operen de mil cosas, que antes eran muerte segura.

 

Pero esta misma ciencia, que no brotó como una seta, sino que fue configurándose a sí misma, creciendo según pasaban los siglos y haciéndose exponencial en los dos últimos ha dado lugar a la desnaturalización, la separación de la naturaleza, que es de donde provenimos y de donde la ciencia extrae todos los materiales que necesita para sus avances.

 

Que el plástico no nace de la nada, sus componentes provienen de la naturaleza, igual que el pan, solo que son diferentes y están mucho más procesados.

 

Esa dualidad ciencia-naturaleza ha propiciado también la exclusión de la mujer, no ahora, ni el siglo pasado, todo está pasando desde hace centurias. Por ejemplo, en la edad media a la mujer se la prohibió ser artesana y tener gremios, incluso los hombres artesanos, que se negaron a trabajar con ellas hicieron huelga hasta que las autoridades no los prohibieron.

 

Nos mandaron al hogar donde “las tareas domésticas” comenzaron a denominarse tal cual. Nos aislaron de los conocimientos, prohibiendo que accediéramos a escuelas y universidades, para que pudiéramos ocuparnos de nuestras cosas, hogar e hijos, y así pasamos a ser una propiedad con la que traficar, como los terrenos o los objetos.

 

A través de la cosificación de la Tierra como algo no útil, y de la cosificación de la mujer por el mismo motivo, la separación de la Naturaleza comienza a hacerse cada vez más evidente. Aunque hubo movimientos para erradicar todo eso, ninguno prosperó lo suficiente, y cada vez fueron más evidentes las diferencias entre hombres y mujeres, donde nosotras pasamos a ser un objeto pasivo en la dualidad, y los hombres la parte activa.

 

Se nos prohibió trabajar solas, vivir solas o en compañía de otras mujeres, si lo hacíamos éramos putas o brujas. La degradación social de la mujer alcanzó su cenit alrededor del siglo XVI, donde las leyes ya eran tajantes con respecto a que las mujeres no podíamos desarrollar oficios y menos solas.

 

Eso implica también un gran poder social del hombre sobre la mujer, sin poder ir sola y sin poder reunirse nos aislaban y cosificaban cada vez más. El miedo se instaló en el espíritu y la psique femeninas.

 

Si queremos recalificar la Tierra como ser vivo y no como una propiedad, tenemos que hacer lo mismo con las mujeres, por eso el ecofeminismo no separa una cosa de la otra.

 

Ynestra King, nos cuenta que hay que conciliar el sentido de lo sagrado, uniendo misticismo y racionalidad científica, para poder crear un nuevo modo de estar en el mundo y este tipo de espiritualidad mira en los modelos que hay de culturas no industrializadas.

 

 

El principio femenino no sólo está presente en las mujeres, sino también en los

hombres y en todo lo vivo, y su recuperación es una respuesta a la dominación

de las mujeres y la naturaleza. Se trata de un principio basado en la

inclusividad, que reúne e integra naturaleza, hombres, mujeres y formas

creativas de ser y percibir. Aceptar este principio femenino supone ver la

naturaleza como organismo vivo, las mujeres como productivas y activas, y los

hombres como colaboradores en la creación de sociedades que mejoren la

vida, no que la reduzcan y amenacen. El principio femenino niega la oposición

entre espíritu y materia y unifica ambas entidades en tanto que lo impregna

todo, abarca lo vivo y lo dota de subjetividad. (Vandana Shiva, “Las mujeres en la naturaleza”)

 

 

El ecofeminismo reconoce la sacralidad de la Tierra, de la Gran Madre, la dimensión espiritual que no se reconoce aún y que está llevando al humano a su propia destrucción, porque la Tierra seguirá, aún sin humanos.

 

El hombre se ha adueñado de la fertilidad de la Tierra, lo está haciendo también con la fertilidad de las mujeres, sólo hay que ver el auge de los vientres de alquiler. Nosotras tenemos que ser activas y proactivas para que todo esto cambie, introducir esos cambios en nuestras vidas, poco a poco y extenderlos.

 

La Tierra no es una cosa que vender, comprar, explotar.

 

Las mujeres tampoco

 

 La libertad inclusiva desde la espiritualidad y lo sagrado es una de las semillas que nos pueden salvar.

 

 

Mariam